Estar en la vida

En el medio del juego, sentir de golpe, la urgente necesidad de no pensar en el propio lugar sino en el juego mismo

Este es el dibujo número 116. Lo hice en mayo del 2002 poco tiempo después de que Mr. Fivehair hubiera aparecido en mi vida, y pocos días antes de que me embarcara – alejándome de mi mundo conocido - en un viaje exploratorio por un territorio desconocido y sin mapa. Tenía 43 años. En aquel entonces, 116 me pareció un número imponente. Hoy, doce mil dibujos más tarde, veo en este boceto la semilla de una pregunta que sigo sosteniendo porque ella sigue propulsándome. ¿No es curioso que nos resulte más fácil definir nuestro papel en el juego que comprender a éste mismo?

 

¡Por qué todo tiene que cambiar!
(Novela ilustrada)

Esta es una de las 45 imágenes que ilustran la novela infantil de Carmen Olaechea que se publicó en España en el año 2005. Esta fue la primera vez que trabajé en color y esta contribución fue la primera oportunidad en que alguien me invitó a poner mis energías creativas al servicio de su obra. El pedido despertó nuevas incógnitas y preguntas: ¿cómo conectarme con las imágenes interiores que habían conmovido y guiado a la autora al escribir? Mi tarea no era ni representar su imaginario íntimo, ni capturar lo mismo que el texto ya transmitía, ni ilustrar mi resonancia personal como lector. Entonces, ¿qué era lo que mis imágenes iban a aportar a nuestra obra conjunta? Aquello que el diálogo entre el texto, las imágenes interiores de la autora y las mías trajeron a la luz.

 

¿Realidad y observación – pareja creadora?

Este es el dibujo número 8,871. Lo hice en el año 2006. Quería capturar cómo, al ser observada y contemplada una realidad fija y sólida que domina el primer plano, comienza a volverse fluida y transparente.

Había empezado a estudiar textos de filósofos budistas y occidentales y de científicos de vanguardia, especialmente en las áreas de la física, la astronomía y la cognición humana. Siguiendo paso por paso sus grandes preguntas, empecé a tener las mías. No podía leer sin dibujar, ni dibujar sin seguir leyendo. Con cada pensamiento al que accedía se deshacía una imagen preexistente mía, con cada dibujo mío emergía un nuevo entendimiento.

Empecé a sentir que existe un sútil entretejido entre la ciencia, la filosofía, la religión y el arte más allá de los resultados que cada área genera, y aún más: que todas, cada una con su búsqueda específica, apuntan quizás a un centro compartido aunque todavía desconocido.

 

Tomando lo que me toma
Soltando lo que no me suelta

Este es un detalle de uno de los cuadros creados para el simposio de Viena en el año 2006 cuando fui invitado a participar – como artista - en el encuentro entre expertos de la neurociencia, psiquatría, piscología y psicoterapia sobre el trauma y la naturaleza de la conciencia humana. ¿Qué sabía yo de esta temática? Como artista, abogado, ex socio de una gran auditoría, ex director de una fundación internacional y como hombre de 46 años: nada. Nuevas preguntas inesperadas: ¿cómo acercarme a aquella esfera en la todos nosotros – principiantes o ignorantes – somos sabios? ¿Dónde y cómo encontrar un acceso, y quizás un camino, hacia aquello que existe más allá de la razón y de las emociones de cada uno? Soy un buen pensador, pero ¿cómo superar el alcance del pensamiento mismo? Soy una persona inteligente, pero ¿cómo hacer para no ser cautivo de los supuestos y la inteligencia tácita? Soy un hombre perceptivo, pero ¿cómo ir más allá de lo que los sentidos son capaces de capturar? Dispongo de una rica vida emocional, pero ¿cómo no quedarme en el pequeño campo de mi propia emocionalidad? Además, cuando vi la invitación publicada en el internet, me pregunté: ¿artista yo?

 

Cada respuesta lleva a una nueva pregunta

Este el es dibujo número 11,039 del año 2008, hecho cuatro años después de que me presenté por primera vez cómo un artista cuando tenía 46 años. Decirlo no me resultó fácil e incluso me pareció irreal. Porque ¿qué es lo que hace que alguien pueda definirse como artista? ¿Es suyo el derecho a definirse de ese modo o debe venir de otros? ¿Es un lugar de llegada al que lo llevó su obra y el reconocimiento o se trata más bien, de una decisión interior? Quizás, el hecho de que el trabajo artístico tomara preeminencia a esa altura de mi vida hizo que me hiciera estas preguntas y las sostuviera hasta el día de hoy.

Realizar obras sumándome a la creación de otros – sea un libro, un congreso, un edificio, una iniciativa intercultural – siempre me dispara preguntas sobre el significado del arte y el rol del artista. Al principio las preguntas buscaban encontrar un puente hacia lo que otros traían. Pero con el tiempo, se convirtieron en una búsqueda amplia y en una parte esencial de mi obra.

El impulso que dispara las imágenes que creo, a veces emocional, a veces intelectual, es en sí parte de las respuestas. Crear imágenes que reflejan preguntas, interpretaciones alternativas, dudas con el peso de certezas y certezas de dudosa credibilidad – esta es mi forma de mantener constante mi búsqueda y relativas mis respuestas.

 

Entrelazando

Con el tiempo, las reflexiones y la creación artística terminaron fundiéndose. Ya no puedo siempre decir cuál surge primero pero sí sé que están en un permanente diálogo entre sí. Acompaño mis estudios y las reflexiones con un gran número de imágenes que evolucionan mientras emergen: recorren el camino que va desde la ilustración literal a la analogía, la metáfora y más allá a la búsqueda de una imagen arquetípica. También ocurre lo contrario. Cuando estoy frente a una temática latente y todavía ni pensada ni verbalizada, empiezo a descubrir en el mundo de las imágenes lo que antes no había podido ver.

Crear imágenes es un viaje explorador. Ellas me llevan desde las realides exteriores a las interiores. Me permiten oscilar entre las ideas y la emociones, entre vivencias empíricas y visiones. A veces incluso me llevan más allá del mundo de nuestros pensamientos, conceptos, emociones y representaciones hacia aquello que no somos capaces de pensar, ni de sentir ni de representar.

 

Imágenes de la realidad exterior

Esta imagen del año 2008 es, en cierto sentido, un mapa: representa el orden existente y nos permite ubicarnos y trasladarnos en él. Mientras estamos adentro, el orden es absoluto: no hay otro. Pero la mano que lo toma, ¿no parece indicar que ese mismo orden no es más que una parte dentro una realidad superior? ¿Y cuál será esta realidad?

Inevitablemente, con cada paso que damos cruzamos un umbral entre diferentes realidades, culturas, historias y contextos sociales, económicos, políticos. Lo queramos o no, con cada vuelta de la vida atravesamos líneas visibles e invisibles que dividen y, al mismo tiempo, conectan la miseria y la alegría, lo bello y lo feo, lo perfecto y lo quebrado, lo viejo y lo nuevo, lo sólido y lo fluido. Si abrimos los ojos vemos carencia y abundancia, humildad y opulencia, desiertos y aglomeraciones.  Nuestros oídos captan en un instante, ruidos y silencios, gritos y alabanzas. Cuando respiramos, aspiramos los perfumes de la felicidad y de la desperación, del poder y la impotencia.

Varias veces en mi vida estuve parado en un solo lugar, ocupándolo como si fuera el mundo entero. Y entonces, para mí, lo era. Sabía que había otros mundos pero no me importaban y los ignoraba. Hoy no sólo me importan sino que me intriga la creciente cercanía entre realidades profundamente distintas y el dinámico entretejido entre ellas. En una época en mi vida podía viajar por todos lados del mundo sin ver ninguno salvo el que tenía en mi cabeza. Ya no. No sé cómo los pájaros en nuestro jardín ven el mundo que ellos y nosotros habitamos juntos pero estoy seguro de que es bien distinto del que yo miro. Tampoco podría decir si los pájaros son capaces de mirar su propia imagen del mundo, pero sé que nosotros sí tenemos esta maravillosa capacidad.

 

La vida interior, ¿responde a las realidades exteriores o colabora con su creación?

Nuestra vida interior es tan profunda como los abismos emocionales y mentales que busca expresar esta imagen del año 2008. Es infinitamente diversa, contradictoria y misteriosa -  como las circunstancias exteriores en que estamos. Mirarla es como entregarse al cielo nocturno con sus innumeradas galaxias o al agua con sus complejas y bellas turbulencias: lo que vemos nos hace darnos cuenta de las profundidades inalcanzables y las dimensiones escondidas detrás de lo percibido.

En cada vuelta que damos surgen respuestas mentales y emocionales que este mundo exterior nos suscita. Nos movemos entre la nostalgia y el progreso, la tradición y la vanguardia, la inercia y la innovación, la repetición y la ruptura, la esperanza y la desazón, la confianza y la apatía. Un paso nos lleva de una emoción a la próxima, de una idea a la siguiente, de una posible respuesta interior a la otra.

Me conmueve la asombrosa riqueza de la vida interior y el diálogo – a veces colaborativo y otras, conflictivo – entre las múltiples creencias, mentalidades y convicciones, cada una de las cuales cree recibir una confirmación por parte de la vida misma.

A menudo me ocurre que me veo ocupado por un solo pensamiento, una emoción predominante o una comprensión particular que me parecen indudablemente auténticos y veraces. Sin embargo, al mirar las imágenes que produzco sobre ellos, me doy cuenta de su naturaleza parcial y temporal. 

 

Mirarse mirando

Al crear imágenes de estas respuestas interiores que los diferentes mundos suscitan a sus habitantes – como en este dibujo número 11039 - , empiezo a ver que las emociones y los pensamientos no son sólo respuestas a una realidad exterior sino que ellos mismos colaboran en la creación de ella. Este diálogo creador entre la vida exterior e interior me intriga. ¿Será que nosotros mismos, los mapeadores del mundo, somos parte de lo que representamos y hasta de la representación misma?

 

Entretejido transformador

Tal como en esta imagen del año 2008 la vida nos hace habitar, simultáneamente, mundos conocidos y desconocidos, saturados y vacíos, crecientes y menguantes, reales y simbólicos. Nos lleva a cruzar umbrales que, aunque no lo notemos, separan y conectan lo individual con lo colectivo, lo específico con lo general, las partes con el todo. 

Es como si de pronto por detrás de una mirada enfocada pudiera ver de golpe el panorama entero, o frente a una vista panorámica solo me fuera posible ver mil fragmentos separados entre si. A medida que mi mirada se hace cargo de si misma, me revela que lo que estoy viendo es sólo una parte de un diseño más grande y abarcador y descubro la imposibilidad de capturar de una manera simple y directa este diseño. Mi trabajo como artista está íntimamente vinculado a esta búsqueda: acercarme al corazón de este diseño que integra, sostiene y da sentido a los fragmentos que veo. 

Pero algo asombroso ocurre en mi búsqueda: parece que con cada paso que doy se transforma también el paisaje que estoy explorando. Las imágenes que creo cambian las ideas que intenté capturar, transforman los pensamientos que quise articular, mutan las emociones que traté de tomar. Al dibujar un muro insuperable éste se vuelve líquido. Al dibujar una línea entre esto y aquello, la dualidad se desvanece. Y también al revés: al crear imágenes aparecen membranas donde antes no había ninguna distinción y diferenciaciones donde antes existía una sola cosa.

Esto no me lleva a pensar que todo es relativo, que las ideas no representan más que el propio paradigma que las generó, o que nuestras preguntas sean vanas y nuestras comprensiones ilusorias. Por el contrario, me hace intuir el maravilloso entretejido transformador que une todas las manifestaciones de la vida, el asombroso diálogo creador entre ellas, y el impulso vital que nos mueve.

 

¿Sin la parte que falta: es un todo incompleto
– con ella, es un todo diferente?

Entonces, sí, hoy soy artista. No tengo una definición de lo que el término significa ni el deseo de tenerla, pero sí sostengo la pregunta porque vivo en un mundo que es, al mismo tiempo, un lugar de realización, de interpretación de lo realizado y  creciente comprensión de ambos.

Estamos diseñando los espacios mientras actuamos en ellos: construir nuestros propios escenarios forma la parte de la función. Estamos escribiendo los papeles mientras los representamos: desarrollar el guión forma parte de la presentación. Estamos observando el desempeño de nuestra obra mientras la realizamos: mirarse mirando forma parte de ella. Y así nuestras propias visiones evolucionan bajo la influencia de los cambios que ellas mismas propulsan. La vida es espumante.

 

Modulando lo que nos modula

Mi vocación como artista es dedicar mi energía creativa al servicio de la transformación comunitaria y personal. Creo que en este tiempo que me tocó vivir, lo mejor de todas las capacidades y fuerzas humanas más allá del campo de su desempeño, sólo florecerá si se suma a una búsqueda compartida. Esto requiere que cada uno se vincule y trabaje con otros: tanto con los que habitan uno solo de los tres universos como con aquellos que oscilan entre ellos. Como artista también me siento invitado a contribuir con esta gran obra comunitaria. No pienso que la llamada libertad artística me exija mantenerme al margen de las cosas ni la autenticidad artística demande el autismo del creador. Al contrario, trabajar con otros no sólo no limita mi creatividad sino que la nutre.

Yo pertezco a la vida como una ola al agua. El largo recorrido desde el dibujo 116 hasta hoy sólo es un pequeño paso, pero uno que ya ha transformado mucho: Buscar crecientes comprensiones de la naturaleza y la esencia del juego me importa más que definir mi papel en él.