Arte y conflictos:

Yo – enemigo de mi enemigo
Mr. Fivehair en el laberinto de la paz

El proyecto

En el año 2004 el doctor médico y psicólogo Peter Geissler, de Viena, me invitó a participar en un libro sobre mediación en el que expertos de distintas disciplinas – abogados, psicólogos y sociólogos entre otros – exploraban y presentaban modelos para la resolución de conflictos complejos y multipartidarios. Entusiasmado con mi  personaje “Mr. Fivehair”, el Dr. Geissler me dio total libertad para una  contribución de 60 páginas: dibujos, texto, o ambos.

¿Yo – enemigo de mi enemigo?

Mi ensayo se llama Yo – enemigo de mi enemigo porque explora hasta qué punto nosotros mismos fabricamos a nuestros enemigos, proyectando en ellos rasgos y energías que nos son propios pero que desconocemos o despreciamos. Plantea que, subyacente a los conflictos personales, sociales, económicos, políticos, religiosos y culturales que se vinculan con el conflicto, existe una confluencia de imágenes radicales sobre la vida, el mundo, la realidad y nosotros mismos que alimentan el conflicto. Por ello, su resolución requiere, no sólo de la mediación entre las partes enfrentadas y las ideas expresadas sino también, y quizás en primer lugar, de la toma de conciencia y la reconciliación entre los imaginarios que dan sustento al conflicto. Mi enemigo es el mío porque yo soy el suyo.

¿Laberinto de paz?

Una imagen habitual del conflicto es que es disruptivo e interrumpe un estado casi natural de armonía y paz. En consecuencia, nuestras energías se enfocan en encontrar una salida del conflicto tratando de volver o a un antes o a un después en el que ambos se destacan por su no-conflictividad. Dicho con una imagen: se busca la salida del laberinto. Pero, ¿en qué consiste este laberinto y qué nos imaginamos?, ¿que el conflicto queda dentro del laberinto y la paz fuera de él? En este trabajo traté de explorar lo que pasa si revertimos esta idea - ¿qué nos espera si entramos aún más en la profundidad de lo desconcertante, contradictorio y paradójico? Muchas veces, un conflicto se puede resolver en un nivel pragmático, especialmente si se trabajan también dinámicas psicológicas asociadas con él. Pero existen conflictos que requieren de una búsqueda aún más profunda, en particular cuando las raíces llevan a creencias y valores tan encarnados que ya no somos conscientes de ellos. Poner estas imágenes arquetípicas sobre la vida, el mundo y nosotros mismos a la luz sólo resulta posible cuando se sigue buscando el camino hacia el centro del laberinto.

¿Qué tiene que ver el arte con la mediación?

La mediación - en todas sus escuelas y todos los campos de aplicación- es un oficio que se estudia profesionalmente, que sigue reglas y mecanismos particulares y  requiere conocimientos y aptitudes personales específicas. Es un arte que no se aprende en la facultad de las bellas artes. Sin embargo, me parece, justamente, que el arte puede ser un formidable socio en la resolución de conflictos, especialmente en aquellos cuyas raíces llevan hasta las profundidades culturales, religiosas y de las creencias y miradas existenciales de los involucrados. Tales conflictos suelen estar marcados por la ausencia de un lenguaje común y de un territorio compartido y vacío que se pueda explorar conjuntamente. Esto quizás no sea por falta de voluntad de comprensión al otro sino por la dificultad que tenemos los humanos para capturar en ideas, pensamiento y palabras nuestra propia naturaleza. El arte puede abrir el acceso a este territorio de nuestra naturaleza más profunda.  Creo que un lenguaje poético y simbólico tiene fuerza vinculadora porque apunta nuestras miradas hacia lo que es impalpable.