Novela ilustrada:

¡Por qué todo tiene que cambiar!

El proyecto

En el año 2006, la Consejería de Familia y Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid publicó una novela de Carmen Olaechea ilustrado por mí. El libro forma parte de la colección “la familia cuenta” cuya finalidad es hacer hincapié en la importancia de la familia, y su papel fundamental para la sociedad. El libro se llama “¡Por qué todo tiene que cambiar!” (128 páginas, 45 ilustraciones en color). La edición de 100,000 ejemplares se distribuye en escuelas y bibliotecas públicas y  organizaciones en el campo social y de la familia. La novela se dirige a jóvenes entre 9 y 13 años, sus familias, docentes y otros adultos con un interés profesional o personal en la temática.

¿De qué trata la novela?

Dice la Consejera de Familia y Asuntos Sociales en su prólogo:

“Con el relato ¡Por qué todo tiene que cambiar!” pretendemos ofrecer una narración para leer en familia. Queremos invitar a los lectores a analizar las situaciones y los conflictos que viven sus protagonistas. Se trata de un texto tierno, cercano y divertido, que va acompañado de ilustraciones ricas en color y detalles. Como tantos niños cuyos padres divorciados encuentran una nueva pareja, Ana, la protagonista de este cuento, siente una mezcla de sentimientos que la angustian y la confunden, y que la llevan a resistirse ante los cambios que se avecinan en su vida. El libro narra, no sólo el proceso de adaptación de Ana a su nueva realidad sino también, su transformación interior con respeto a lo que representa la incorporación de nuevos miembros a su familia. El amor y el diálogo fluido constituirán la vía principal de esta transformación, y el tiempo, el respeto y la honestidad de todos los involucrados, suavizarán los momentos más dolorosos y ayudarán a superarlos”.

¿Cómo nacieron las ilustraciones?

Desde la profundidad de mi corazón. Lo que Carmen Olaechea cuenta en su novela era también lo que ella, sus hijos el padre de ellos y yo, su nuevo esposo, experimentamos en nuestra vida propia. Lo que Carmen describe es lo que nosotros vivimos – “too good to be true”, uno podría pensar: “too good to be invented”, digo yo.

En base al texto borrador pasamos días hablando, repasando los hitos del desarrollo interior que cada personaje de la novela hace e identificando los momentos que más se beneficiarían al ser capturados en imágenes: no por ser figurativos ellos mismos, sino porque manifestaban la profundidad de la vida interior de las personas. Eso me llevó a una lista de posibles ilustraciones. Ahora bien, saber que una imagen iba a mostrar a Ana recibiendo flores del nuevo novio de su madre cuando éste llega a la caso con sus dos hijos, era una cosa. Pensar en qué debería expresar esta imagen, era otra: ¿el hombre entregándole las flores a la chica? ¿Las manos de ambos tomando simultáneamente las flores? ¿El rostro sorprendido de la chica? No sólo existen mil posibilidades de visualizar un instante en la vida de una persona – también son muchas las posibles interpretaciones de lo que ocurre en su interior: ¿sólo sorpresa? ¿Sorpresa con cierto rechazo? ¿Sorpresa mezclada con timidez, con orgullo, con confusión? En este caso decidí poner en  primer plano las flores que tapan, casi totalmente la cara de Ana cuando apoya su a nariz en el ramo, llenando sus pulmones con el perfume de las flores. El novio no se ve – busqué capturar el breve y eterno instante de la chica sola con las flores, inhalando. ¿Se está entregando a lo nuevo? ¿Se está escondiendo? ¿Ha olvidado por el momento las circunstancias?

Así nacieron todas estas imágenes. Son desafiantes para chicos entre 9 y 13 años porque tienen un nivel de abstracción importante y un humor nada obvio. Pero creo que los jóvenes de esta edad – en la madurez de su infancia y antes de entrar en la adolescencia – son sabios. Tienen acceso a la complejidad porque ellos mismos la están viviendo. ¿Les ayudaría que les diéramos simplificaciones, textuales o visuales?, ¿Se enriquecerían si los excluimos de la ambigüedad e incertidumbre que expresa lo poético? No lo creo. Y cuando los lectores adultos miran las imágenes del cuento de Carmen: ¿no desean ellos también algo de complejidad poética?

¿Qué ha cambiado?

Para Ana y los demás protagonistas el cambio es la entrada de nuevas personas, dinámicas, desafíos y ofertas. Para mí, este trabajo fue el primero que me abrió la puerta hacia el universo de los colores. Antes había dibujado sólo en blanco y negro. Mirando mi propia vida, digo que no hay casualidades.